Existen seres humanos que no finalizan su tarea en la tierra con su partida, porque su legado permanece en el tiempo, una forma de pasar a la inmortalidad.
Este es el caso de Sor Clorinda, la religiosa que por años fue la nave insignia del Hogar Mignaquy.
Hoy, en pleno auge de la inteligencia artificial, la tecnología y las relaciones virtuales, nada puede opacar, ni sustituir la formación como seres humanos que brindó a los que en su momento fueron niños y hoy son hombres y se criaron bajo la tutela de Sor Clorinda.
Cómo señaló el padre Mariano Cortes en la mañana de sábado “Ceferino, ya está en los brazos de Sor Clorinda”.
Y si bien la partida es dolorosa y triste, también en la mente de cada uno de ellos fue el momento de reflexión y reconocimiento a la persona que los marcó a fuego en sus vidas.
HOMENAJE
Miguel Mongiano, Ismael Toriano, Fabio Manuel López, Juan Horacio Berton, Juan Carlos Navarro y Shigeru Kosima, el médico que vino de capital para despedir a su amigo; y justo es reconocer su accionar, porque diariamente se preocupa y ocupa de “sus hermanos de corazón del Hogar”, rindieron homenaje a Sor Clorinda en el monolito del cementerio de nuestra ciudad.
Sin dudas que la semilla del amor al prójimo, que cultivo la distinguida monja, florece en ellos, que a su vez, recogen el guante y multiplican en nuestra sociedad.
Desde la Secretaría de Relaciones Institucionales y Localidades Rurales, Alexis Camus, que acompaño a los “Hijos de Sor Clorinda”, insta a multiplicar los valores transmitidos por la la religiosa que sin dudas supo entender y llevar a la práctica, el pensamiento que muchas décadas antes de ella, tuvo la familia Mignaquy con la creación del hogar.











